PATRIMONIO  SUBACUÁTICO  DE  MONTECRISTI


El interés por descubrir los bienes sumergidos en las costas de la Nación surge a partir de la década de los 70’s cuando el Gobierno dominicano firmó contratos con varias compañías norteamericanas de capital privado dedicadas a la búsqueda y salvamento de navíos antiguos. Los acuerdos estipulaban que el Estado recibiría el 50% de los artefactos rescatados y podría reservarse el derecho de retener todo aquello que considerara de valor histórico, cultural o arqueológico. Como resultado de las operaciones realizadas por estas empresas fueron descubiertos naufragios como el Nuestra Señora de Guadalupe, el Conde de Tolosa y el Nuestra Señora de la Pura y Limpia Concepción. La cantidad exorbitante de artefactos recuperados atrajo mucha atención y puso en evidencia la necesidad de iniciar un programa de investigaciones submarinas para la identificación, el registro y el estudio de pecios históricos localizados en las aguas territoriales y zonas marítimas de influencia nacional, así como el inventario, la conservación y la restauración de piezas arqueológicas con fines didácticos o museográficos. Para estos fines el Estado dominicano crea la Comisión de Rescate Arqueológico Submarino (CRAS), institucionalizando así el manejo del Patrimonio Cultural Subacuático (PCS) en el país.

El interés por descubrir los bienes sumergidos en las costas de la Nación surge a partir de la década de los 70’s cuando el Gobierno dominicano firmó contratos con varias compañías norteamericanas de capital privado dedicadas a la búsqueda y salvamento de navíos antiguos. Los acuerdos estipulaban que el Estado recibiría el 50% de los artefactos rescatados y podría reservarse el derecho de retener todo aquello que considerara de valor histórico, cultural o arqueológico. Como resultado de las operaciones realizadas por estas empresas fueron descubiertos naufragios como el Nuestra Señora de Guadalupe, el Conde de Tolosa y el Nuestra Señora de la Pura y Limpia Concepción. La cantidad exorbitante de artefactos recuperados atrajo mucha atención y puso en evidencia la necesidad de iniciar un programa de investigaciones submarinas para la identificación, el registro y el estudio de pecios históricos localizados en las aguas territoriales y zonas marítimas de influencia nacional, así como el inventario, la conservación y la restauración de piezas arqueológicas con fines didácticos o museográficos. Para estos fines el Estado dominicano crea la Comisión de Rescate Arqueológico Submarino (CRAS), institucionalizando así el manejo del Patrimonio Cultural Subacuático (PCS) en el país.

 

Marco institucional y marco jurídico

Años más tarde, por medio del Decreto 289-99, se crea la Oficina Nacional de Patrimonio Cultural Subacuático (hoy Dirección General de Patrimonio Cultural Subacuático o DGPCS) que sustituye a la CRAS como entidad encargada del estudio, recate, restauración, conservación, y puesta en valor de los bienes culturales sumergidos. Este decreto también amplía el ámbito de cobertura del organismo, reconociendo también a las aguas interiores como depositarias del PCS. Por otro lado, existe una institución nacional acreditada como “rescatista” de los bienes. Se trata de la Autoridad Nacional de Asuntos Marítimos (ANAMAR) instituida por la Ley 66-07 que declara a la Republica Dominicana como Estado Archipiélago. ANAMAR se encarga de todo lo referente al mar territorial. Su objetivo es investigar y aprovechar los recursos existentes en las aguas dominicanas. De estar alineado con los principios de no explotación comercial del PCS establecidos por laUNESCO en la Convención del 2001, este organismo sería una tremenda adición en la protección de naufragios nacionales. Afortunadamente existe un consenso tácito que limita la segunda a la investigación de los recursos naturales acuáticos.

En lo que concierne a la legislación más reciente, la Ley de Cultura 41-00, presenta los bienes “sumergidos en el agua” como parte del “patrimonio cultural de la Nación”. La Constitución dominicana, en su última reforma, bajo la sección de los derechos culturales, pone de manifiesto el interés del Estado por garantizar la preservación de todos los bienes patrimoniales y establece que el PCS debe ser protegido contra el expolio y el tráfico ilícito.

En adición a esto, desde el 2012 el Estado dominicano y sus diversas instancias han procurado encaminarse hacia el desarrollo sostenible en todos los aspectos. El Ministerio de Cultura ha propuesto una serie de políticas dirigidas a elevar la eficiencia de los organismos encargados de proteger el patrimonio cultural de la Nación y crear nuevos instrumentos que refuercen las iniciativas existentes. El resultado más inmediato ha sido el desarraigo de la tradición de operar a través concesionarios. Los contratos con compañías caza tesoros, tanto nacionales como internacionales, fueron cancelados este verano. Sin lugar a duda, este hecho puede representar un avance hacia la ratificación de la Convención del 2001.

La Dirección General de Patrimonio Cultural Subacuático se encuentra en un proceso de reestructuración de acuerdos de cooperación con universidades y organizaciones sin fines de lucro. Las únicas organizaciones que tienen autorización para operar en el país son la Universidad de Indiana y el Anglo-Danish Maritime Archaeology Team (ADMAT). Esta última ha estado trabajando en los naufragios de la costa norte del país por más de diez años. Bajo la dirección del Dr. Simon Spooner, cada año se llevan a cabo varias campañas arqueológicas con calidad de “escuelas de campo” en la provincia de Montecristi, donde estudiantes y profesionales interesados en la arqueología subacuática y PCS pueden iniciarse en la práctica y recibir entrenamiento.

 

Investigaciones en Montecristi

La costa norte está plagada de naufragios por descubrir. Por muchos años, las bahías de Montecristi sirvieron de fondeadero y refugio para las embarcaciones provenientes del viejo continente. La combinación de los fenómenos atmosféricos y los numerosos arrecifes de coral que hacen las veces de barrera natural fue la receta perfecta para el hundimiento de muchos navíos. El Dr. Spooner y su equipo han realizado estudios completos en naufragios como Le Casimir y Le Dragon, que abarcan desde la investigación en archivos históricos, hasta el proceso de excavación y la interpretación de los datos obtenidos a partir de esta. Cada naufragio es diferente. No siempre se conoce el nombre de la embarcación que se investiga. En ocasiones, primero se hace el descubrimiento, se procesa la evidencia arqueológica, y luego se escudriñan los archivos para tratar de encontrar alguna concordancia. Tal es el caso del Tile Wreck o Pecio de los Azulejos. Este pecio está situado en la Bahía de Jicaquito, detrás de El Moro de Montecristi.

Los restos de la embarcación se encuentran bajo 2.5 metros de agua y una capa gruesa de fango y depósitos aluviales provenientes de los manglares cercanos que empobrece la visibilidad pero logra preservar el material arqueológico orgánico. Debido a la poca profundidad y el fácil acceso, el pecio era bien conocido por los locales.

Como la UNESCO da prioridad a la conservación in situ, en un primer momento se decidió dejar el naufragio sin tocar, tal y como estaba. Sin embargo, hacia 1999 surgió una ola de pillaje que hizo necesaria la intervención de las autoridades. Cerca de 1,500 azulejos fueron utilizados para decoración de una casa en la comunidad, y siete cañones pequeños desaparecieron del sitio sin haber sido registrados. Inmediatamente los directivos de la ONPCS (ahora DGPCS) tomaron acciones para la incautación de bienes culturales en las proximidades. Bajo las órdenes del director técnico de la DGPCS, Francis Soto, se realizó el sondeo de reconocimiento. Luego se procedió a instalar una cuadrícula de excavación, compuesta por cuadros de 1x1 metros cuadrados de PVC. La extensión total de la cuadricula en la primera fase de intervención fue de 8x4 metros cuadrados; sirvió como soporte para que los buzos no entraran en contacto directo con la frágil madera y los artefactos encontrados en el sitio. Después de remover el sedimento, se descubrió parte de la quilla del barco, la sobrequilla, el pie de mástil, y parte de la estructura central del casco y la mercancía intactos. Considerando el expolio al que fue sometido este sitio, la cantidad de artefactos y las estructuras que sobrevivieron son impresionantes. Se tomaron fotografías de cada cuadro con sus contenidos para su registro y documentación.

Basándose en las evidencias encontradas se ha logrado establecer una hipótesis sobre el proceso de naufragio, aunque todavía no se ha identificado el navío. Algunas piezas diagnósticas han sido enviadas al Centro de Investigaciones del Louvre para su estudio y análisis con la expresa autorización del Estado. Cada vez que el yacimiento es abierto, se exploran áreas no excavadas en busca artefactos que ayuden a completar el rompecabezas. Para estos fines se utilizan aparatos de alta tecnología como magnetómetros y detectores de metales. Una vez en tierra, los artefactos son medidos, fotografiados, etiquetados y almacenados. La información es registrada en bases de datos y programas informáticos . Cada uno de los participantes debe describir la actividad de cada día en un diario de campo general y añadir los croquis y dibujos a escala que realice. Al finalizar la excavación el sitio es cubierto con sacos de arena, para proteger la integridad de las estructuras remanentes de madera, que no son llevadas a la superficie. Todas las operaciones submarinas son supervisadas por un inspector de la DNPCS. Por su parte, la Universidad de Indiana ha propuesto la creación del Museo Vivo del Mar en Montecristi, con una gran acogida por parte de la comunidad.

 

Retos y perspectivas

A pesar de que la República Dominicana cuenta con una estructura institucional y un marco jurídico que establecen medidas para la defensa y puesta en valor del PCS, aún le quedan muchos retos que enfrentar.

La falta de profesionales en arqueología subacuática y en conservación, el mal estado de las instalaciones dedicadas al almacenamiento y cuidado de las piezas arqueológicas submarinas, y la falta de personal e infraestructuras para la adecuada protección de los sitios en riesgo, hacen el camino cuesta arriba.

Montecristi es el quinto polo turístico de la Nación. Su población se dedica principalmente a la agricultura, la producción de sal y la pesca. Los atractivos turísticos de la región se encuentran en la Áreas Protegidas, y en el patrimonio histórico. El rico patrimonio cultural subacuático que poseen las aguas montecristeñas, puede aumentar significativamente el potencial para el desarrollo sostenible de la región. De ser aplicadas las acciones precisas, Montecristi podría llegar a estar a la vanguardia del turismo cultural en el país. Ya que los naufragios son espacios de alto interés turístico, al fomentar la protección y puesta en valor de los yacimientos sumergidos se crearían nuevas industrias y oportunidades laborales, y se diversificaría la actividad económica al tiempo que se preservan los recursos culturales sumergidos del litoral.